Chunyapa lugar ignorado por propios y extraños, relajante bosque de queñoales y de cataratas melancólicas. Alberga entre sus entrañas una leyenda de pasiones y engaños.
Transcurrían los años de 1840 aproximadamente. En las tranquilas tierras vitisinas vivía un hombre llamado Perucho de cara redonda, sonrisa risueña y de un lenguaje sencillo pero dulce. Su cuerpo robusto infundía respeto y llamaba la atención de las chicas. Sucedía por lo ya mencionado, no le era difícil seducir a las chicas casadas o solteras, todas querían estar con él. Por eso fue ganándose el rencor de los casados y la envidia de los solteros. Resulta que este peculiar personaje tenía entre sus conquistas 7 hermosas mujeres y a todas ellas les ofrecía matrimonio prometiendo pedir su mano al día siguiente. Esta situación se hacía rutinaria con todas ellas.
Transcurría el mes de agosto, el paisaje se mostraba seco por el sofocante sol del medio día; y conjuntamente con sus mortales heladas y frecuentes pero frívolos vientos del a atardecer daban un sabor de melancolía. Así nuestro querido Perucho seguía engañando a las 7 muchachas con sus dulces y tiernas palabras. Las sospechas de engaño crecían en cada una de ellas porque este esquivo personaje no cumplía sus promesas.
Así una tarde cualquiera una de las chicas después de tener sus encuentros amorosos con Perucho decide seguirlo para confirmar sus sospechas. Grande fue su sorpresa al verlo con otra chica. En silencio regresa a su casa y llora toda la noche por el amor no correspondido. Al día siguiente decide hacer lo mismo para desenmascararlo frente a ella sin embargo le encuentra con otra chica. Este suceso vuelve a repetirse durante 4 noches y con chicas diferentes.
La mencionada decide reunir a las demás pero solo genera discusiones y peleas entre todas. Al final se pusieron de acuerdo y optaron por llevarlo a un lugar lejano y desolado, distante al pueblo de Vitis y darle su castigo y así la gente no pudiera enterarse de la burla que les había ocasionado este Don Juan. Sería una de ellas la que lo llevaría hasta el lugar de Chunyapa con el pretexto de recoger leña y las demás esperarían escondidas entre los frondosos queñoales. Hecho el trato cada una de ellas se fueron a sus casas, la noche transcurría apaciblemente en el poblado. Ya muy cerca al amanecer cuando el canto de los gallos se dejaba oír, Perucho inocentemente pasó a silbar a la chica que había descubierto sus engaños, pues era ella quien le pidió que lo acompañara. Entre risas y carcajadas ascendieron de Pacaya hacia Chunyapa. El día ya había crecido, el sol reflejaba incesantemente por entre los queñoales la pareja de enamorados descansaban y comían lo que ella había llevado. Mientras tanto las demás chicas se escondían entre los matorrales y esperaban ansiosas la señal para salir de sus escondites. Terminando de comer sus fiambres empezaron a jugar a mancornarse primero él a ella y después ella a él. Y cuando le toco el turno a la chica, lo ató tan fuerte que no pudo liberarse, he instantáneamente esta lanzó un silbido tan fuerte que los ecos de los cerros resonaron y en el acto las 6 chicas restantes rodearon a Perucho increpándole por su actitud, preguntándole a gritos a quién quería de verdad. Este elije a la más fornida creyendo que lo iba a defender pero estaba cargada de ira y lo golpeó sin piedad.
El hombre en su desesperación pedía perdón y clemencia pero hicieron oídos sordos a las suplicas. Eufóricas se quitaron las medias que habían sido tejidos con lana de oveja, lo llenaron de arena y lo golpearon tan salvajemente que lo mataron.
Pero aún muerto le seguían golpeándolo hasta que una de ellas se dio cuenta que Perucho ya no tenía vida.
Airadas y nerviosas deciden colgarlo de las ramas de un queñoal y hacen un pacto entre ellas para que nadie hable de lo sucedido. Cuando caía la tarde ya el sol con sus últimos brillos se alejaba. Deciden regresar a Vitis por distintos caminos como si nada hubiese ocurrido. Al tercer día en los solitarios parajes de Chunyapa los cóndores revoloteaban sobre el cadáver de Perucho esperando darse un festín.
Es así como termina sus días este peculiar personaje en un lugar muy alejado a la población por mujeriego.





























